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Perlas en tu boca | Cómo abordamos la felicidad en odontología energética (Segunda parte)

Saadi de Shiraz escribió que la perla es una gota de lluvia que, temerosa de la sal, llama a la concha para que la salve de su disolución", recordó entonces Homur. "No –terció Ahmed–, la perla nace de un rayo de luz proveniente de una estrella que se oculta en el océano porque prefiere la profundidad a la altura…". "La mejor joya la hace el cuerpo con su propio dolor, amigos", reiteró Yoram. "Pero, ¿qué quieres decir con eso del propio dolor?", preguntaron ellos…”. (Continuará)

Según la filosofía Vedanta, existen tres cuerpos: el ordinario, este que vemos con todas sus partes, presentes o ausentes; todo aquello que se ve, que se puede tocar, que puede ser objeto de experimentación y argumentación científica. Es el cuerpo de energía densa provisto de un campo vibratorio que permite la observación y también representado por un tipo de mente que es cautivada por un cuerpo que necesita tocar, ver, oír y demostrar para creer.

Existe otro tipo de cuerpo: el sutil, ese que está un poco más oculto, el esotérico, es el dueño emocional, el de “qué me quieres decir que no te entiendo” o el “dímelo más claro para que me haga una idea”, el que dice entre líneas, el que siente o consiente.

Por último estaría el cuerpo causal: su frecuencia vibratoria también es distinta a los otros dos, tanto, que para llegar a él son necesarias ciertas condiciones de la mente. A él nos podemos acercar a través de ciertos estados de la conciencia, es el más cercano a nuestra naturaleza primigenia, el cuerpo del espíritu. No es un estado abordable con la mente del deseo sino precisamente con la contraria, la mente del desprendimiento; mente que en algunos casos puede ser modificada a través de prácticas meditativas. Es un estado muy cercano a aquel que aparece cuando nos enamoramos, en donde con toda seguridad podemos encontrar la dicha, esa especie de felicidad esencial que no sabemos a ciencia cierta de dónde viene y que no puede justificarse, por ejemplo, con lo que se compra, sino más bien con lo que se obtiene, ni con lo que se vende sino con lo que se da; tampoco con lo que se tiene sino con lo que se es.

Llegar a este cuerpo causal es la guía que nos lleva a encontrarnos con nuestro destino más trascendente y precisamente es a través del dolor desde donde podemos liberarnos de los yugos que lo atenazan.

La práctica de la Medicina Energética en última instancia tiene como objetivo recobrar ese cuerpo capaz de crear su propio y genuino sentido de vida. Para llegar a este estado debemos abordar cualquier problema desde la perspectiva de las distintas dimensiones que nos vamos a encontrar a la hora de intervenir, siguiendo la siguiente máxima: hacer “el mayor bien sin dañar”.

Las personas no logramos el estado de dicha o felicidad por tener los dientes más blancos o mejor organizados, sino en la medida en que empezamos a sentirnos más cerca de nuestra esencia y ésta, precisamente, tiene que ver más con nuestro espíritu que con nuestro cuerpo ordinario. Atravesar nuestro dolor, sea del tipo que sea y venga de donde venga, desprendiéndonos del mismo como guerrer@s que van a la conquista de su bienestar, es el mayor bien que puede recibir nuestro espíritu, que viene y se va en pos de la evolución.

La nueva medicina, de la que ya hablamos en artículos anteriores, parte de esta máxima de “intervenir y no invadir”. Como profesionales debemos plantearnos el afrontar nuestra actividad dentro de un paradigma en donde lo que realmente importa no es la parte sino el Todo, del que, obviamente, a través de cada una de sus partes va a encontrar su armonía.

La boca es el receptáculo donde se expone con mayor vehemencia la desdicha y todas las emociones negativas que le acompañan; es un lugar sagrado en donde los dientes, estructuras óseas duras pero móviles, cambian, se desgastan o contorsionan con el paso de los días y de los años en función del impacto existencial y de las vivencias de aquel que les presta hospedaje.

Desde la Odontología Médica Energética chequeamos el cuerpo en la búsqueda de emociones que han podido quedarse atascadas en el laberinto de la vida personal, abordándola desde la comprensión de su propia historia. Esto es un reto para la medicina oral y más, en tanto que es precisamente en este pequeño habitáculo donde se recrea el primero de nuestros gozos al alimentarnos: la lactancia. Jamás en nuestra vida tendremos la oportunidad de alimentarnos mientras olemos, gustamos, oímos y sentimos un corazón lleno de amor, aceptación incondicional y seguridad.
Y respecto al dolor… es el origen de una perla.

Más información en www.zentrame.es

Amelia Izquierdo Acamer - Psicología clínica
Psicoterapeuta Floral Integrativa
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Gema Ballester Palanca -
Médica Odontóloga.
Kinesióloga Dental